"Hazte con la corona"
Divinity: Dragon Commander es una especie de juego confuso en términos de etiqueta. Aunque la mayor parte de la acción (que es el modo de juego real), tiene lugar en batallas estilo RTS, la mayor parte de la historia está cargada de conversaciones tipo RPG que te tienen tomando decisiones para determinar el futuro del imperio que estás construyendo. Esta hibridación funciona en su mayor parte, aunque las partes de estrategia del juego parecen haber por debajos de los elementos RPG en la lista de prioridades.
En Divinity: Dragon Commander, juegas como el hijo de un emperador recientemente asesinado. Los culpables de este regicidio son nada menos que los otros, hijos hambrientos del emperador que buscan reclamar su trono para ellos. En su desesperación, un viejo amigo de tu padre, Maxos, te nombra el verdadero heredero del trono y te pone en camino para reclamar el reino como tuyo. Afortunadamente, el reino de Divinity no sólo está compuesto de seres humanos. Lagartos, Diablillos, Enanos, Elfos y Muertos Vivientes también están presentes, y estas distintas razas juegan un papel importante enla expansión de tu imperio. Es aquí dónde los elementos RPG realmente brillan. Aunque juegas como el legítimo heredero al trono, esto no significa que todas las razas estén complacidas contigo. Con el fin de ganar su confianza te ves obligado a tomar varias decisiones políticas, basadas engran parte en problemas del mundo real, y los embajadores de cada raza todos aportarán una opinión. Dependiendo de a quién rechazas y a quién apruebas, tu favor con esa raza aumentará o disminuirá apropiadamente.

Estuve realmente sorprendido cuando Dragon Commander me enfrentó contra decisiones como la religión, sexualidad, luchas sindicales, y si abdicar del trono, y convertir la totalidad de mi imperio en una república. Estas decisiones a menudo me tenían cuestionándome mis propios pensamientos sobre algunos de estos temas, y admitiré abiertamente que había algunas decisiones políticas contra las que luché mucho. Pero eso es algo bueno; la cantidad de profundidad puesta en hacerte sentir como un rey en los elementos RPG es refrescante y realmente muestra otra de las facetas de gobernar un imperio.
Naturalmente, las decisiones políticas bien escritas estaban apoyadas por personajes bien escritos. Aunque cada uno de los embajadores son claramente el reflejo de un gran ideal político, tienen suficiente matiz para de vez en cuando sorprenderte. Se debe dar otra mención especial a la mujer que seleccionas para que sea tu mujer cerca del comienzo del Acto II. Aunque esperaba que las reinas fueran unidimensionales, también me sorprendieron con el nivel de profundidad que poseían sus personajes. Las decidiones que puedes tomar referente a las relaciones con tu mujer también son sólidas. Puedes ser el emperador amado o el rey frío y calculador que no tiene tiempo para las bromas del matrimonio, y ambas tienen sus propias consecuencias. En general los personajes del juego hacen un ecelente trabajo vendiéndote la validez del reino que estás intentando conquistar, y eso fue más que suficiente para empujarme hasta el final de la campaña.
En realidad jugar esa campaña, parecía una experiencia de juego diferente. Mencioné que parecía como si los elementos de estrategia estuvieran por debajo de los elementos RPG en la lista y esto realmente empieza a verse a medida que el juego progresa. Inicialmente, en un RTS típico, comandas tus unidades y aniquilas al enemigo. Un extra añadido en la capacidad de utilizar tu sangre de medio dragón y convertirte en un dragón que puede atacar las unidades enemigas y estructuras en en mapa. Afortunadamente, no eres un dragón todopoderoso que pueda descender de los cierlos y asolar las fuerzas del enemigo, de hecho la forma dragón se sentía un poco limitada en ocasiones pero nunca fue una queja importante. Mi mayor pega con los elementos de batalla del juego era lo unilateral que podía llegar a ser. Después de dos o tres batallas había acumulado suficientes unidades como para comenzar cada batalla asatando al enemigo antes de que tuvieran oportunidad de montar correctamente una ofensivca. Esta simple estrategia me hizo ganar la mayoría de batallas, excepto cuando asedio una capital. Le quitó valor a la experiencia que pudiera seleccionar todas mis unidades, apuntar en dirección al enemigo y ver una pantalla de victoria momentos después.

Incluso con sus defectos, Divinity: Dragon Commander es un gran ejemplo de personajes bien escritos y una trama que llevan a un juego a su conclusión. Las capas de profundidad en política y los matices de los muchos personajes me tenía impresionado cada vez que volvía a mi barco para conversar con ellos después de una batalla. Sin embargo, las batallas rara vez eran lo suficientemente estimulantes para mantenerme comprometido y realmente disfruté de ver la pantalla de victoria para que la siguiente parte de la historia o desarrollo de personaje llegase. En resúmen, Divinity: Dragon Commander es una joya de juego al que merece la pena jugar aunque sólo sea por enfrentarte con las muchas decisiones políticas y los personajes bien escritos.
Puntuación de GameDynamo para Divinity: Dragon Commander (PC)
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Joey Blackwell II
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Norteamérica: 6 Ago. 2013
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